El discernimiento

Ante lo nuevo que nos golpea todo el tiempo, con ensoñaciones e ilusiones, con fakenews y posverdad, ¿qué debemos hacer? ¿Como escoger?

Me gusta mucho ir a la feria. Eso es todo, mercado libre. No es por el pastel, aunque me gusta mucho.

Me divierto mirando la variedad de colores, cómo se montan las carpas, se colocan las frutas y
verduras.

Tengo una dificultad.Elegir las mejores frutas, por ejemplo.

Hablo con el vendedor, hago preguntas, aprendo.

Uno de ellos me dijo:
– Mira, a la hora de comprar, por ejemplo, naranjas, elige una que sea de buena calidad, examina
la textura de la piel, el color, etc. Luego, compara todos los demás con este y elige.

Es un buen consejo. Utilizar un criterio similar, cuando hay que tomar decisiones, expresar
opiniones, evaluar caminos e ideas, puede resultar interesante.

Ante una realidad que nos golpea todo el tiempo, con lo nuevo, con ensoñaciones e ilusiones, con
fakenews, ¿qué debemos hacer? ¿Como escoger?
No encuentro una fórmula mágica, sin embargo, ofrezco algunas posibilidades.
Una posibilidad sería:
Conocer tus propios valores, motivos e intenciones.
Casi siempre sabemos lo que no queremos. Difícil, parece saber lo que se quiere.
Es bueno conocerse a uno mismo, en qué valores basamos nuestra vida, nuestras decisiones,
elecciones.
Los valores establecen nuestras prioridades, lo que realmente es importante para nosotros, como
por ejemplo el respeto, la empatía, la honestidad.
A partir de un “modelo”, como nuestra guía naranja, podemos comparar si lo que queremos hacer
está acorde con los valores priorizados. Si es así, sigamos adelante.
Si no, pensemos un poco más, proyectemos hacia dónde nos llevará lo que queremos, a quién
afectaremos con nuestras decisiones y cuáles serán las consecuencias.
También considero importante visitar profundamente nuestros motivos y nuestras intenciones.
No siempre tenemos claro por qué pensamos como lo hacemos, sentimos lo que decimos que
sentimos o pensamos y si realmente necesitamos algo.
Otra posibilidad sería: Cuidarnos de los sesgos y prejuicios.

Todos nacemos y crecimos dentro de una determinada cultura, una familia, un estado, un país.
Estos aspectos culturales añaden a nuestra forma de ser y vivir una serie de gustos, conceptos,
ideas, tendencias del bien y del mal, del bien y del mal.
Sesgos y prejuicios, casi siempre inconscientes para nosotros, son entonces rescates que hacemos
en esta base de datos cultural.
Casi nunca nos damos cuenta. Hay diferentes sesgos.
Un ejemplo es el sesgo de afinidad.
Nos suele gustar más la gente que se parece a nosotros, que tiene la misma opinión o que apoya al
mismo equipo.
Creemos en este grupo más que en otro grupo diferente a nosotros.
Estos prejuicios también crean una barrera a la diversidad, a diferentes culturas, a otras formas de
formar una familia, de vestir, de creer.
No le damos una oportunidad a la paz.
Otro ejemplo. Sesgo perceptivo.
El sesgo de percepción es cuando damos más valor a lo que la sociedad nos dicta, a las creencias
colectivas, que a los hechos y a nuestra experiencia directa.
A partir de esta inconsciencia corremos el riesgo de opinar utilizando generalizaciones como
“mujer conduciendo, peligro constante”.
No es un hecho. Es un sesgo. Sin embargo, podemos lastimar a muchas personas que amamos.
Y no me extenderé mucho, sólo un punto más, lo prometo.
Distanciarte de ti mismo.
Cuando queremos ver una ciudad o un campo en un sentido más amplio, solemos subir a un
mirador.
Desde lo alto miramos la amplitud, vemos más, vemos hacia dónde conducen los caminos y las
calles.
¿Dónde están los parques, los árboles, los lugares? Esto nos ayuda a saber más, a tener una idea
del lugar, que antes, desde la tierra, no podíamos concebir.
Podemos aplicar la misma analogía a nosotros mismos.
Para poder comprender mejor lo que está pasando, con nosotros, con el mundo, con los demás,
mirar desde otro punto de vista nos ayuda.
Amplía nuestros contextos y nuestra conciencia.
Salir de nuestro propio centro, mirar la situación desde diferentes perspectivas.
Escuchar. Escuchar es un arte que hay que cultivar. Hay varios aspectos que podemos ejercitar. Es
un tema para otro momento.
Ahora podemos reflexionar sobre validar, que implica considerar lo que nos dicen los demás y la
vida misma. Prestemos atención, validemos, escuchemos.

Volveremos a este tema en una conversación futura.
Quién sabe, estos puntos aquí comentados nos ayudarán a tomar decisiones más conscientes y
asertivas, armonizar ambientes y crear estados de felicidad.
¡Vamos a practicar!

(Fuente:Revista Cafh Brasil)

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