El objetivo del trabajo en grupo.

A pesar de nuestros diferentes orígenes, historia, etnias, creencias y características personales,
todos los seres humanos estamos unidos, aunque no siempre seamos conscientes de ello.
Para que estas diferencias no nos lleven a la separación, intentamos trabajar en grupos y formar
equipos, con el propósito de desarrollarnos y aceptarnos unos a otros.
La aceptación de los demás –el respeto a la diversidad– es el primer paso hacia el amor, nuestro
mayor objetivo.
El desarrollo individual y el de los grupos a los que pertenecemos son interdependientes.
El desarrollo individual y el de los grupos a los que pertenecemos son interdependientes. Cada uno
de nosotros debemos trabajar sobre nosotros mismos como individuos y, al mismo tiempo, como
parte de nuestro grupo. Este, a su vez, también actúa sobre sí mismo, como parte responsable de
sus miembros, y lo hace en el propósito común que le dio origen. La dependencia de un grupo
cercano (por ejemplo, la familia) puede resultar más clara para cada uno de nosotros, pero la
dependencia de la sociedad no siempre es tan evidente.
Pensamos que, si transgredimos las leyes para nuestro beneficio, qué importancia podría tener
esto entre otros miles de seres que forman parte de esta sociedad. Si tiro un pedacito de papel a la
calle, ¿qué daño hará? Pero, si mucha gente repite este mismo gesto, cuando se produzcan fuertes
lluvias, los desagües se obstruirán y causarán grandes daños. Nuestro primer pensamiento pronto
será: “Bueno, no fue mi rol el que provocó esto, sino la sociedad, que no sabe actuar y actúa mal”.
No sabemos cómo hacer las conexiones y, por lo tanto, no nos hacemos responsables de nuestras
acciones.
La dependencia psicológica es más clara para nosotros, ya que reconocemos algunas influencias y
el efecto de otras en nuestra personalidad. Sin embargo, rara vez cada uno de nosotros percibe
nuestra propia influencia psicológica sobre los demás. La carga emocional que impregna nuestra
conducta y las reacciones que generamos en nuestro entorno pueden pasar desapercibidas y, así,
llevarnos a comportarnos de forma agresiva y falta de responsabilidad en nuestra vida diaria,
como, por ejemplo:


  •  luchar por prevalecer incluso a expensas de las pérdidas de otras personas;
  •  juzgar mal a quienes nos ayudaron, haciéndolos sentir culpables por sus fracasos;
  • •desahogar nuestras frustraciones y rencores sin pedir permiso a quienes nos escuchan;
  • disponer del tiempo de otras personas sin que nos lo entreguen.


Y otros innumerables ejemplos de conductas que generan discordia y malestar.
Cada uno de nosotros, a través de la autoobservación, puede tomar conciencia de estos hechos.
¿Pero cómo hacerlo? Centremos nuestra atención en las relaciones que establecemos en los

diferentes grupos de los que formamos parte. Al integrarse a un grupo se establece una dinámica
de relaciones en función de varios factores, que generan éxitos y conflictos, y que se pueden
observar, como ejemplos:


LA ACTITUD
Aportamos al grupo las actitudes que tenemos fuera de él: esfuerzos por sobrevivir, por destacar,
o por cualquier otro motivo. El hecho de pertenecer al grupo no borra, por sí solo, nuestra agenda
como individuos. Si la agenda del grupo se compone de objetivos compartidos, pero no de
objetivos comunes, no tendrá mucho efecto para mitigar nuestro personalismo. Esto se nota, por
ejemplo, en situaciones cotidianas, cuando se utiliza el transporte público. Si me subo a un
vehículo, formaré parte de un grupo que se comportará con la misma actitud con la que me uní, es
decir, hacer el mejor viaje posible, conseguir el mejor asiento posible para ellos. La dinámica que
se forma deriva de la actitud individual de quienes abordaron el vehículo con esa intención. Así, se
producen codazos, empujones y “excusas”. Ahora bien, para que el grupo tenga un objetivo
común se debe hacer un esfuerzo para lograrlo. De la misma manera, nuestra actitud, sin un
trabajo espiritual deliberado, se mantiene en el mismo nivel de personalismo a lo largo del tiempo.


CARÁCTER, CIRCUNSTANCIAL Y CAMBIABLE
Tenemos un carácter cambiante, a veces desagradable, y esperamos que los demás lo toleren. Hay
quienes se jactan de su mal carácter, incluso encontrándolo divertido. El costo psicológico que
pagan quienes nos rodean nunca es motivo de preocupación, siempre y cuando podamos
desahogar este temperamento irascible.


OPINIONES SIN FUNDAMENTO

Queremos convencer a los demás de nuestras opiniones, cuando estamos apegados a ellas, sin
intención de dialogar. Somos expertos en “tener razón”.


PREJUICIOS
Nuestro juicio y nuestra conducta están tan impregnados de nuestros prejuicios que no podemos
identificarlos. A veces hacemos observaciones tan contradictorias que llegan al punto del absurdo;
pero no nos damos cuenta. Es común decir: “No tengo nada en contra de fulano de tal, pero no es
una persona decente…”.


LAS CREENCIAS

La mayoría de las veces confundimos nuestras creencias con la verdad. Ni siquiera nos abrimos a la
posibilidad de la duda, que podría ampliar nuestro conocimiento. Aquí comienzan las actitudes de
intolerancia, fanatismo, segregación que tanto daño han causado al mundo, generando
separación, odio y guerras. 


Si pensamos que “somos elegidos por Dios”, ¿quién se atreverá a
cuestionar los privilegios que tenemos? Vale señalar que no pretendemos agotar los elementos
negativos que se filtran de la dinámica grupal, sino señalar que también nosotros, en los grupos de

Cafh, sufrimos los mismos obstáculos y dificultades, y que es parte nuestra trabajar para
neutralizarlos y, eventualmente, superarlos.
Si queremos un mundo mejor, una humanidad en paz y armonía, comencemos por trabajar en
esta paz en nosotros mismos y en nuestro entorno inmediato. ¡Solo con cambios profundos y
contundentes en nuestra forma de ser, pensar y actuar podremos construir una humanidad mejor
y contribuir a que todos tengamos la cuota de felicidad que tanto anhelamos!


(Fuente:Revista Cafh Brasil)



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