Diálogo – Instrumento de participación

¿Es necesario aprender a dialogar? Sí. El objetivo de aprender a dialogar tiene su enfoque
vinculado a la participación en todos los ámbitos de la vida. En el desarrollo personal y profesional
y la transformación conductual potenciada por actitudes creativas y productivas en las relaciones
interpersonales.
En el abordaje de la comunicación destaca la estructura básica del diálogo, presentada por varios
autores consultados, basada en cuatro capacidades fundamentales y necesarias. Estas capacidades
son: suspender juicios apresurados, escuchar, identificar y suspender las propias convicciones,
hacer preguntas y reflexionar (1).
Aprender a dialogar implica la propuesta de desarrollar estas capacidades, lo que normalmente
genera cuestionamientos justificables como lo plantea Bohm en sus teorías, cuando explica que la
mente humana es crítica por naturaleza, lo que dificulta suprimir el juicio a la hora de dialogar.
Es por tanto necesario recurrir a la teoría de este autor para esclarecer el proceso de formación de
una especie de “base de datos”, construida a lo largo de la vida a partir del registro de los actos y
experiencias vividas por cada ser humano. Cada vez que percibimos algo nuevo, esta nueva
información se somete a juicios ya almacenados en nuestra memoria. De esta manera, la nueva
percepción se filtra a través de registros guardados que responden a situaciones presentes, pero a
partir de experiencias pasadas, que no siempre son revisadas conscientemente por cada persona.
Se reafirma así la función juzgadora de la mente humana, pero apuntando hacia la posibilidad de
actualización constante de la citada “base de datos”, lo que se da mediante el ejercicio de
suspender el juicio apresurado en situaciones de diálogo.
La información acumulada en este “banco” forma parte de la persona, aportándole ventajas y
desventajas. La ventaja de poder utilizarlo rápidamente cuando sea necesario, sin pararnos a
pensar detalladamente en las implicaciones de ese momento. Y la desventaja que trae consigo una
respuesta automática, basada en información acumulada a lo largo de la vida. Una respuesta así
no suele crear nuevas perspectivas. Es decir, no permite revisar ni actualizar la base de datos
formada con los nuevos significados surgidos en el coloquio. Suspender los juicios apresurados
durante el diálogo es intentar ser conscientes de nuestra forma de pensar, de las creencias,
actitudes y comportamientos que forman parte de nosotros mismos. Además, adquirir esta
capacidad de diálogo significa ralentizar la mente para permitirse descubrir nuevos significados y
comprender los puntos de vista de los demás. Se dice que esta es la clave para crear un clima de
confianza y seguridad durante el diálogo, ya que las personas se dan cuenta de que no están
siendo juzgadas. Por lo tanto, tener la posibilidad de escuchar sin juzgar apresuradamente con el
foco en lo que “está bien” o lo que “está mal”, hace que el ambiente sea abierto y honesto,
favoreciendo un nuevo entendimiento.

Respecto a la capacidad de escucha, resaltar la esencialidad de esta actitud, es la matriz que
genera el diálogo. Cabe destacar que, de hecho, las cuatro habilidades en cuestión se activan
después de escuchar, ya que escuchar, sobre todo, requiere mucha disposición y entusiasmo.
Escuchar dialogando, más precisamente “prestar atención”, es escuchar no sólo refiriéndose a oír
algo, sino a estar en sintonía a través de los cinco sentidos, además de la intuición. Obtener esta
capacidad es esencial para afinar la sensibilidad y comprender que las creencias y suposiciones
personales afectan la escucha.
El dominio de esta habilidad radica en focalizar la atención, dejar de lado convicciones, vaciar la
mente de prejuicios, abrirse a la retroalimentación y crear un espacio para la aceptación y
validación del argumento del otro, como lo destacan otras teorías ( 2) al demostrar esencialmente
el poder transformador de una conversación.
En cuanto a identificar y suspender convicciones durante el diálogo, se fundamenta en el principio
de la imposibilidad de vaciar los contenidos de la propia memoria sin negar el valor de las
experiencias vividas. Se destaca que estas últimos normalmente producen convicciones u
opiniones sobre algo, llamando la atención sobre los condicionamientos creados por ellas, que
normalmente se pasan por alto ante impases o a la hora de resolver problemas. Es de destacar
que cuando utilizamos formas de expresiones como: “así es”, “indiscutiblemente esta música es
buena”, colocadas como evidencia de convicciones, cerramos la posibilidad de aprendizaje y en
general deterioramos las relaciones.
Preguntar y reflexionar debe dirigirse a: preguntar, como petición de información y reflexionar
como realización de una investigación sistemática. En un verdadero diálogo, preguntar y
reflexionar toman la forma de una espiral de comprensión, creatividad y desarrollo en una
dirección ascendente y compartida.
Es necesario prestar atención a la construcción de preguntas abiertas, que requieren elaboración
por parte de quienes las formulan y exigen respuestas que no pueden reducirse a un sí o un no por
parte de quienes responden. Ej: ¿Qué opinas de esto…? Que pasaría si…?
Una ayuda muy poderosa en la práctica del ejercicio de las cuatro habilidades es reflexionar sobre
qué actitudes facilitan y cuáles dificultan el diálogo. Ejercerlos tiene el propósito de buscar un nivel
más profundo de consciencia y resaltar que para desarrollar buenas relaciones interpersonales,
trabajo armónico integrado y grupal, debemos obtener el instrumento de participación, sin duda
es el DIÁLOGO.
(1) David Bohm y Edwards -1991, y Bohm – 1997) | (2) BEAVIN, 1985; ELINOR; GÉRARD, 1998;
FRITZEN, 2002 | Material extraído y adaptado por el autor de: FREIRE, Elza. A. L. El aprendizaje del
diálogo como proceso que facilita las relaciones interpersonales en las organizaciones:
investigación acción en un grupo experimental en una empresa petroquímica. 153 y sigs. 2004.
Tesis (Maestría en Administración Estratégica) – Universidade Salvador – Unifacs, Salvador, 2004.

 

 

Fuente:Revista Cafh, Brasil,

extracto del artículo original)

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