LA BELLEZA DE LA DIGNIDAD

Esta imagen de un gato, que no corresponde al que yo conocí, pero que me recuerda una vivencia tiempo atrás, de una gatita preciosa, blanca con manchitas de color gris claro en su cuerpo y unos ojos verdes maravillosos. Era una gatita que vivía en las cercanías del lugar donde yo habitaba, y siempre entraba a curiosear y jugar con nuestro perrito Orión. Orión en ese entonces era muy pequeñito y la gata más grande.  Ella, constantemente y de un modo muy pacífico, se hacía notar, descansaba en la casita de Orión, o sobre las sillas de la terraza, comía parte del alimento del perro, se quedaba toda la noche, y en ocasiones, por varios días, jugando y compartiendo las “pertenencias” de Orión.

 

Ante esta situación, y sin la experiencia de convivir con una gata, mi familia se preocupó por la integridad de nuestro perrito y con suavidad, la echábamos del terreno muchas veces, pero ella con una parsimonia y suavidad admirables volvía, una y otra vez. ¡Y su regreso era tan admirable, sin temor, sin esconderse de los que la echaban, con una prestancia!, su lento andar era como si pasara una verdadera reina, nunca la vi asustada o enojada, siempre entera, volviendo al terreno y haciendo lo de siempre, compartir plenamente con nuestra mascota.

 

Desistimos, la dejamos que entablara una interesante y juguetona relación con Orión. Hasta que, en un minuto, y sin siquiera darnos cuenta, ella se marchó para no volver, dejando tras sí un halo de belleza y misterio, mágicos. Desde la idea de la Libertad, esta imagen y este recuerdo, me conectan con el ser auténtico, en plena presencia, liberado de apegos emocionales, de temores, libre de limitaciones interiores.

 

Bajo la plena convicción que lo anterior forma parte de un proceso de comprensión, aceptación y aprendizaje que dura la vida misma. Aceptar la vida, aprender a aceptar la vida, y la de mi entorno, aceptar conscientemente la incertidumbre, aceptar que hay situaciones que me trascienden, son temas en los cuales me he enfocado en este último tiempo dentro de mi desenvolvimiento interior.

 

Y esta imagen junto con la vivencia, constituyen un potente ejemplo de la entereza, de la dignidad, de aceptar el devenir, quizás con errores y desaciertos, consciente de mis limitaciones, y también de mis posibilidades que me permiten vivir y sentirme en libertad, aprendiendo a aceptarme y aceptar.

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