LO SIMPLE ESPIRITUAL

Luz Elena Restrepo

La primera ley del alma es la responsabilidad, las variables del cambio que queremos ver en el mundo están en nosotros y ¿Qué hacemos? Si comprendemos que somos el proceso de cambio en el mundo y de cambio en el alma, comprendemos que la magia de la vida es entregarla sucediéndonos, entonces esta crisis que estamos viviendo es la oportunidad para aprender la tarea del alma y dejar la antigua tendencia del ataque o la huida porque el enemigo lo tenemos dentro de nosotros mismos. No estamos solos en la tierra, pero vivimos indiferentes a todo lo que convive con nosotros en la corriente de vida que une al agua, a la tierra, al aire y al cielo con sus estrellas que también está en nuestra noche interna cuando en nuestra casa encendemos la luz artificial y el clima artificial y nos olvidamos de los bosques destruidos y consumidos y de las necesidades no resueltas de millones de humanos desplazados.

 

Reconozcamos que nos vemos separados, pues hacemos lo que hacemos por lo que creemos que somos, por lo tanto, la separabilidad nos conduce a la superioridad, la explotación, el ataque, la fuga y la competencia. Y, aunque la física y la biología nos demuestran que estamos íntimamente conectados a todo, vivimos solos, buscando al verdadero SER por todos los caminos del NO SER.

 

Es hora de asimilar la lección de la crisis, es hora de reconocer que nos alejamos de nosotros cuando nos identificamos con lo que vestimos, con lo que consumimos, con los sentidos, así es como terminamos creyendo que la vida es solo para el cuerpo y nos perdemos de nosotros y de los otros y así nos separamos. Negamos y desconocemos nuestra naturaleza interna, no sentimos el alma porque nos identificamos con la apariencia y viviendo para ella explotamos la naturaleza, la gran falta es la indiferencia, la indiferencia al alma humana que nos separa del nosotros que entre todos somos.

 

África, Asia, América, el primero y el tercer mundo son nuestro mundo, la responsabilidad es de todos, ningún ser humano encarna para morir de hambre, ese no es su karma, ese karma es nuestro, es de todos.

 

No hemos reconocido el aspecto espiritual del ser humano y de la vida, seguir viviendo como íbamos nos conduce a una destrucción mayor, la crisis que vivimos como humanidad y en el mundo nos revela la necesidad de cambiar nuestra dirección. Y, para hacer el cambio que nosotros y el mundo necesitamos, tenemos que hacer un viraje heroico y renunciar a lo que NO SOMOS. Por lo tanto, hay que empezar a descontaminar el corazón de toda ambición y corrupción, aceptar con humildad la vulnerabilidad que nos permitirá saber que somos de la misma esencia.

 

Dejemos de imitarnos y compararnos, de repetirnos y competir.

A Cafh, a nosotros, nos interesa cómo abrir las posibilidades de humanización desde la perspectiva mística.

 

La palabra mística sugiere algo misterioso que está oculto, y con ella, también se designa un tipo de experiencia muy difícil de alcanzar en que se llega a un grado máximo de unión del alma con lo sagrado durante la existencia terrenal.

 

En el sentido corriente, siempre confundimos la manera o modo de vivir ciertas ideas, con lo espiritual en sí, siempre buscamos integrarnos a modo de sumar o juntar experiencias para armar una especie de mono, cuando integrarnos es reducirnos a lo más simple, a lo esencial.

 

En líneas generales, vamos adelantando con las experiencias, nos vamos haciendo cada vez mejores, pero seguimos dentro de una rueda en movimiento que no tiene fin, permanecemos limitados dentro de un radio de ciertas posibilidades, y nuestra percepción no trasciende el límite, y nuestra realización es solo otro estado siempre relativo a un estado de conciencia. Sin embargo, este adelanto progresivo de estado en estado nos predispone al logro de una consciencia universal.

 

Una consciencia universal que con los valores adquiridos en la conquista espiritual se invierte en un punto de reversión en lo simple espiritual que es la renuncia. 

 

Pero lo simple espiritual no puede ser otra meta más, la realización espiritual no se puede medir con un patrón de conquistas. Una cosa es poner en una balanza nuestros valores y nuestras posibilidades dentro de nuestra jaula y otra cosa es liberarnos, otra cosa es la liberación de nuestra propia jaula.

 

Lo simple espiritual no es otro tipo de vida ni otra forma de separabilidad, es un estado simple y universal. Por eso la renuncia, como técnica ascético – mística, es para nosotros la vía hacia la realización, la participación y la unión.

 

La enseñanza les pone apellido y dice: “realización mística”(a través de amar sin condiciones), “participación substancial”(en relación a la noción de Ser de la misma esencia), “unión definitiva”(salir de la ilusión para reintegrarse al origen).

 

El ser humano, en medio del extraordinario desarrollo científico y tecnológico, no ha logrado desarrollar del mismo modo su capacidad espiritual y su compromiso ético. En la base de la actual situación, subyace un asunto de humanidad, el momento actual es particularmente crítico por su complejidad, por la confluencia de una nueva espiritualidad y un desplazamiento hacia la interioridad, todo esto en medio de un inminente peligro de deshumanización.

 

Nuestra tendencia a fijarnos en un cierto estado de consciencia refleja nuestras limitaciones, así es como creemos que entendemos cuando distinguimos y clasificamos, pero lo simple espiritual nos habla de que permanecer abiertos y conectados con el devenir de la vida es estar en contacto con lo divino, con la esencia, es estar en libertad, en una libertad que es dada, otorgada por la renuncia.

 

Lo simple espiritual, como estado de consciencia, es una dinámica que exige el cambio continuo, aunque como ley es UNA e inconmovible siempre idéntica a sí misma se identifica con el movimiento del eterno devenir.

 

Nada se pierde, todo se transforma, todo está sujeto al ritmo cíclico de la vida y muchas perdidas devienen como experiencia, lección, aprendizaje, así vamos pasando de estados de conciencia particular, a estados de conciencia colectivo que será finalmente un estado universal de conciencia.

 

Lo simple espiritual, como esencia de toda experiencia y desenvolvimiento, es una posición interior universal, es la renuncia como estado permanente del alma, ya no se puede hacer separación entre lo que se es y lo que se sabe, porque la visión interior no es otra apreciación más sino una visión interior integral que trasciende los estados personales.

 

Es bueno reconocer que solemos vivir dentro de la ilusión de realizaciones siempre cambiantes, impermanentes.

 

No podemos detener la rueda de la vida, pero podemos fijarnos en la simplicidad del estado de renuncia.

 

Lo que no nace, lo que no muere, lo permanente, es la renuncia que establece al alma en la eternidad, en el latido simple del corazón de la Divina Madre.

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