TERESA DE ÁVILA

En este artículo presento a Teresa de Ávila o Teresa de Jesús, siglo XVI,  la mayor mística española, escritora y poetisa.  Fue una mujer adelantada a su época, incansable, logrando  fundar  19 conventos, entre ellos 2 masculinos. Perseguida por la Inquisición, santificada después, y en el siglo XX la primera mujer nombrada doctora de la Iglesia.

Con humildad me atrevo a presentar unas pinceladas de su obra maestra “El Castillo Interior”, con el fin de dar a conocer su experiencia espiritual y no privar a los lectores del tesoro de su enseñanza.  Para poder apreciarla más allá de su religión, se necesita tener la mente y el corazón abiertos, comprenderla dentro de su época y circunstancias.  En el siglo XXI somos diferentes, el  mundo es otro, nuestros valores han cambiado.  Sin embargo, nos queda su herencia espiritual y literaria.  Abracemos su inmenso amor, trabajo incesante, sabiduría, tesón, astucia, sentido del humor y más que nada,  su plena experiencia espiritual.  Los invito entonces a adentrarse en esta aventura.

Teresa de Ávila o Teresa de Jesús (1515-1582) ha sido la más grande mística cristiana de la Iglesia Católica en España.  Perteneció a la orden de Las Carmelitas. En 1558 comenzó con la fundación de conventos, fundando una nueva orden de Las Carmelitas Descalzas. Al final de su vida llegó a fundar 17 conventos femeninos y dos masculinos. Cada fundación le costó innumerables esfuerzos, capacidad de lucha contra la jerarquía eclesiástica y talento de organización.
En 1576 la Inquisición la acusa de que su enseñanza es supersticiosa, llena de mentiras y semejante a Los Alumbrados, que era la denominación para grupos espirituales paralelos a la Iglesia oficial que habían surgido en aquella época. En 1622 es santificada y en 1970, más de tres siglos después, es nombrada Doctor Ecclesias como primera mujer en la historia de la Iglesia.

Su obra literaria abarca prosa, poesía y epístolas. En este artículo presentaré su obra magistral “El Castillo Interior o Las Moradas” donde describe minuciosamente las etapas de su recorrido místico hasta llegar a la unión definitiva con Dios. 

Influencias espirituales

Teresa conoció las corrientes espirituales de la época a través de sus lecturas, las prédicas y sus largas conversaciones con los más letrados jerarcas de la iglesia.

Del extranjero llega la corriente espiritual, que es continuación de la mística alemana de Meister Eckhart (1260-1327), “Devotio Moderna”, que nace en los Países Bajos a fines del siglo XIV y llega a España en el siglo XVI. Es una mística centrada en Cristo, oración metódica, moralismo, alta valoración de la biblia, cristianismo interior y retiro del mundo.

Otra corriente importante fue la del humanista  Erasmo de Rotterdam  (1469-1536), Países Bajos, que promovía la traducción de la biblia a todos los idiomas, no debía ser monopolio de las órdenes.  El Evangelio y las cartas de los apóstoles debían estar al alcance de todos. (En ese tiempo estaba prohibido).  En su obra presenta el cuadro paulino que habla del cuerpo místico de Cristo, cuyos miembros son los cristianos.  Es humanista, contra todo acto bélico, invita a la beatitud y a la oración contemplativa que trae felicidad a través del amor unitivo a Dios.

 

En España se realizan reformas profundas a las órdenes cristianas entre los siglos XVI y XVII, dándoles un nuevo empuje y renovación.  Las órdenes que más influenciaron a Teresa son los dominicanos, franciscanos y la compañía de Jesús.
Los dominicanos le daban gran importancia a la oración vocalizada sobre la oración interior, y no era primordial la veneración de la humanidad de Cristo. La lectura de Tomás de Aquino (1224-1274) y la escolástica tuvieron influencia sobre Teresa.

Los franciscanos a través del Cardenal y Arzobispo de Toledo, Francisco Jiménez de Cisneros (1436-1517) promovían la traducción y divulgación de los libros espirituales.

Bernardino Laredo (1482-1540) distingue en su libro Subida al Monte Sión tres etapas de la oración:vía purgativa, vía iluminativa, vía unitiva.  Describe la doble contemplación: la primera parte es imperfecta, especulativa activa e intelectual; la segunda, mística, pasiva y dirigida a Dios como essentia increata.

Pedro de Alcántara,  un asceta, tan delgado que Santa Teresa dice que parece hecho de raíces de árboles, representa la pobreza franciscana y la influye con su ejemplo.

Francisco de Osuna (1497-1541) es el primer director espiritual de Teresa por medio de su libro Tercer Abecedario Espiritual y la conduce por el camino de la oración interior. En la espiritualidad de los Jesuitas es de primordial importancia el apostolado, acompañado de la contemplación y de la oración vocalizada e interior.

En la España de esa época aparecen numerosos grupos espirituales agrupados bajo el nombre de Los Alumbrados. Entre ellos está Juan de Ávila que fundó una escuela sacerdotal juntando a su alrededor mucha gente de la iglesia y sacerdotes.  Lo esencial de su enseñanza era intensivar el recogimiento a través de los retiros, continua confesión y comunión, dos horas de meditación sobre la pasión de Cristo y fenómenos escatológicos, el estudio del Nuevo Testamento y la lectura de escritos espirituales.

EL CASTILLO INTERIOR O LAS MORADAS

En esta obra maestra Teresa de Ávila nos relata detalladamente  los grados de oración o etapas que va experimentando hasta culminar en la unión permanente con Dios.  Para ello se vale de alegorías, metáforas, símiles y otras figuras literarias.  Sus imágenes las toma de la Biblia y otros libros espirituales, dándoles nueva vida, las hace frescas y cercanas.  La mayoría son del mundo que la rodea, los castillos, las piedras, el agua, el fuego, los insectos, animales, el sol.  Es maestra en explicar experiencias profundas en palabras simples.

La alegoría del castillo

El alma esta representada por un castillo de diamantes con el sol en el centro y siete moradas concéntricas que representan las etapas del recorrido místico o los grados de oración.  La cerca que rodea el castillo es el cuerpo físico. El castillo cambia según la enseñanza que quiera transmitir, puede ser una fortaleza para defenderse de los enemigos, construido con piedras firmes y grandes para acentuar la fuerza del alma.

Debemos poner los ojos en el centro donde está el rey, nos dice que las cosas del alma hay que considerarlas con plenitud y anchura, que nos paseemos de una morada a otra, advirtiendo que nunca una etapa está terminada y siempre volvemos a las anteriores.

Los alcaides, mayordomos y maestres de sala son las potencias del alma (memoria, entendimiento y voluntad). La gente del castillo son los sentidos, pensamientos e imaginativa. La puerta es la oración y consideración. La cerca representa al cuerpo.  Todos los habitantes del castillo son servidores del alma. 

Las Moradas

Primera y segunda Morada

En la primera y segunda morada se trabaja en la humildad, indispensable para el conocimiento del alma.  No atender tanto a los pecados y faltas, sino contemplar la perfección de Dios y hacerse consciente de nuestra miseria por contraste.
Es de renunciamiento a lo mundano. Pero Santa Teresa es flexible, conoce el alma humana y sabe  que el renunciamiento total es para unos pocos.  Por eso, funda conventos con almas probadas con anhelo de pobreza o bien con buena renta para solventar los conventos.

Hay que cultivar el amor a Dios y los semejantes y tener misericordia. Son las moradas de la gran lucha: “que se determine el alma que va a luchar con todos los demonios”,  “todo el infierno se juntará para hacerle salir fuera” . Es de sufrimiento, trabajo, determinación para perseverar y soportar las penitencias. Hacer oración para solicitar ayuda de Dios.

Los pecados veniales y las tentaciones son animales que se quieren introducir, reptiles, gusanos a veces venenosos, de mal olor,  que se ponen en los ojos, nublan, se mimetizan, hacen gran ruido.  Los pecados capitales son como una goma negra que cubre el castillo y lo oscurece. Sólo Dios la puede sacar con el perdón.

Advierte a sus monjas que el demonio se disfraza de falsa humildad y de mil maneras. También las anima a continuar con hermosos símiles: “todo lo que come la abeja lo convierte en miel”, “que la humildad siempre labra como la abeja en la colmena la miel … mas consideremos que la abeja no deja de salir a volar entre las flores”.

Tercera morada

Es la estación intermedia y final de muchas almas. Santa Teresa dice que el Señor está obligado a darles la gloria cuando guardan los 10 mandamientos.  De aquí en adelante se trabaja por amor a Cristo.

Deben estar alerta ante los enemigos.  Las almas aún están pesadas para el vuelo del espíritu, “vamos muy cargados de tierra de nuestra miseria”.  Las almas han dejado la maldad pero no el amor a sí mismas. Recomienda la oración  para liberarse de la autosatisfacción, de sentirse perfectas, “son muy concertadas en su hablar y vestir y gobierno de la casa, las que tienen” “les hace falta una santa locura”.  Han de distinguir entre la virtud verdadera y la que creen tener. Dice “plega a Dios que no piensen que la pena que tienen es culpa ajena y la hagan en su pensamiento meritoria”; “el amor debe expresarse con obras y que no quede en la fantasía”; “sufrir muchas veces si se les ofrece algo que los desprecien o quiten un poco de honra”.

También aquí sucede la sequía del alma, se pierde la esperanza de la unión con Dios. Se pierde el fervor de la oración.

Reconocer que se está en deuda con Dios y no pedirle concesiones y regalos, “a un Dios tan generoso que murió por nosotros y nos crió y da ser, que no nos tengamos por venturosos en que se vaya quitando algo de lo que le debemos por lo que nos ha servido”, “no pidáis lo que no tenéis merecido”  Sufrimiento por la sequía espiritual es falta de humildad, “cosechar humildad y no pena y desventura”.  La perfección no consiste en los deleites de la oración, sino en amor, trabajo, justicia, verdad.  Lo que Dios niega lo entrega de otra forma, como sea más adecuado al alma.

Amistades y buenos ejemplos: “porque algunas cosas nos parecen imposibles, viéndolas en otros tan posibles y con la suavidad que las llevan, anima mucho y parece que con su vuelo nos atrevemos a volar, como hacen los hijos de las aves cuando se enseñan que aunque no es de presto dar un gran vuelo, poco a poco imitan a sus padres”. Da el consuelo enseñando que la sequía es interrumpida por estados de oración de quietud, recogimiento y contentos de Dios.

Cuarta Morada
Oración del recogimiento.  Se producen estados meditativos y de quietud que el alma experimenta en forma inesperada. Las potencias del alma – memoria, entendimiento y voluntad – se sienten llamadas al recogimiento y comienzan a retirarse hacia su interior.  El alma se siente atraída por Dios y siente la presencia divina en paz y quietud, “como buen pastor, con un silbo tan suave, hace que conozcan su voz … y tornen a su morada”.

Oración activa.  Los consuelos y contentos de Dios son producto de la oración activa con el entendimiento, la memoria, la imaginación y el pensamiento.  Se medita sobre la Pasión y Perfección de Cristo o la vida de los santos.  Esta oración a menudo está mezclada con pasiones, “vienen unas lágrimas congojosas, que en alguna manera parece las mueve la pasión”.  Al contemplar la Pasión de Cristo se sufre y llora, a veces con ahogo, se aprieta el pecho, hay sangre de narices.  El consuelo y contento es la sensación que queda en el alma de haber tomado parte en el sufrimiento del Señor.

También provoca contentos y deleites cuando el alma se concentra en hechos gozosos como el nacimiento y resurrección de Cristo. Aconseja meditar un párrafo de la vida de un santo, profundizar el Padre Nuestro o mirar una imagen de un santo.

Oración de quietud.   Es más profunda y fuerte que la oración de recogimiento. Es un sumergirse del alma en Dios.  La voluntad está en silencio unida a Dios, lo que paulatinamente produce un ensanchamiento del corazón.  El alma está consciente que está recibiendo la oración de quietud, con la ayuda del entendimiento y memoria.  Dios puede concedernos la gracia de parar las divagaciones del pensamiento y que el alma quede completamente sumergida en él.

En la oración activa los contentos de Dios comienzan en nuestro natural y acaban en Dios.  El agua (divina) llega por arcaduces y artificios, es ruidosa, llega mezclada con la tierra de la pasión.

En la oración de quietud el alma se sitúa en la fuente, en el origen mismo del agua, silenciosa y pura. Otras metáforas: “se ve que no es de nuestro metal, sino de aquel purísimo oro de la sabiduría divina”, “un brasero, no se ve la lumbre, más la fragancia y calor penetran toda el alma, y aún hartas veces participa el cuerpo”.

En cuanto a las divagaciones, migrañas y mareos dice “y estáse el alma por ventura toda junta con él en las moradas muy cercanas (al centro) y el pensamiento en el arrabal del castillo”.

Verdad de la oración.  “En los efectos y obras de después se conocen estas verdades de oración que no hay mejor crisol para probarse”.  Los efectos son el crecimiento de las virtudes, de la fe de lograr la unión con Dios, pérdida del temor al infierno, anhelo natural de hacer penitencia y sufrir por Dios, capacidad de desasirse totalmente de las ataduras al mundo.

Respecto al temor “porque .. no los he habido más casi miedo, antes parecía que ellos (los demonios) me le habían a mí”, “quedóme un señorío contra ellos … que no se da más de ellos que de moscas”.

En cuanto a los desvíos en la oración dice que pueden surgir de la mala alimentación, enfermedades o búsquedas de deleites en la oración.  Teresa los llama estados de “embobamiento, enrabiamiento” en vez de arrobamiento.

Quinta Morada
Oración de Uníón.  Después  de esta oración queda la certeza que Dios está en el alma, por presencia, esencia y potencia.  Si no deja esta certeza, ha habido otro fenómeno y no la oración de unión.

“Aquí con estar todas las potencias dormidas y bien dormidas a las cosas del mundo y a nosotros mismos … porque en hecho de verdad se queda como sin sentido aquello que poco dura … no es menester suspender el pensamiento .. hasta el amar, si lo hace, no entiende cómo, ni qué es lo que ama .., como quien de todo punto ha muerto al mundo para vivir más en Dios, que así es una muerte sabrosa, un arrancamiento del alma a todas las operaciones que puede tener estando en el cuerpo, deleitosa … todo su entendimiento se querría emplear para entender algo de lo que se siente y, como no llegan sus fuerzas a esto, quédase espantado, de manera que si no se pierde del todo, no menea pie ni mano, como acá decimos de una persona que está tan desmayada que nos parece está muerta”.

Simil de la mariposa: “Ya no tiene en nada las obras que hacía siendo gusano, que era poco a poco tejer el capucho; hanle nacido alas, ¡cómo se ha de contentar, pudiendo volar, de andar paso a paso!”

Se experimenta un gran sufrimiento por no poder unirse nuevamente a Cristo, por no poder soportar que los hombres no amen a Cristo, porque muchas almas no tendrán salvación. “Parece desmenuza a una el alma y la muele”.

En esta morada los demonios atacan menos, van en retirada porque saben que cuentan con una segura derrota.  Sin embargo, hay que estar alerta porque también saben que si vencen, no sólo se llevan un alma, sino una multitud.

Sexta Morada
En esta morada Santa Teresa experimenta grandes sufrimientos y fenómenos espirituales de índole sobrenatural. Enseña que la virtud, humildad y mortificación mantienen a las almas igualmente cerca de Dios sin ser necesarias las mercedes de índole sobrenatural. Es posible que el Señor conceda las mercedes a las almas débiles porque más lo necesitan.

El sufrimiento es parte fundamental de la existencia cristiana.  En el Nuevo Testamento el sufrimiento está relacionado con la Pasión de Cristo y abarca la Cruz y Muerte.  El cristiano sufre por el Señor para Él y con Él, su sufrimiento es consecuencia de su “ser en Cristo”.  En la Biblia dice “Os ha sido dado, por amor a Cristo, que vosotros no solamente en Él creáis sino que también padezcáis por su amor”.  Cristo elige el sufrimiento por amor, el cristiano sigue su ejemplo.  El sufrimiento tiene dos aspectos: ofrendar a Dios el sufrimiento (dádiva) y tener la esperanza que Dios lo socorrerá algún día.

Por una parte, Santa Teresa combate las dificultades y enfermedades de sus monjas, y por otra parte, acepta su propio sufrimiento con paciencia como una merced para participar en el sufrimiento de Cristo.  Ella sufre por la división de la Iglesia, la condenación eterna de las almas, el desprecio hacia Dios.

“Dios es como un palacio muy grande… dentro del mismo palacio pasan abominaciones y maldades que hacemos los pecadores…”  Sufre por sus propios pecados “antes añade a la pena ver tanta bondad y que se hacen mercedes a quien no merecería sino infierno”.  También sufre las “pruebas pasivas del alma” de la tradición cristiana. Es el sentimiento que Dios la ha abandonado. Lo expresa en sus versos:

Vivo sin vivir en mí

y tan alta vida espero

que muero porque no muero.

¡Ay, que larga es esta vida!                                       

¡Qué duros estos destierros,                                     

esta cárcel, estos hierros                                          

en que el alma está metida!

Sólo esperar la salida

me causa dolor tan fiero

que muero porque no muero.

Desposorio espiritual.  Sucede en íntimo secreto entre Dios y el alma. El Señor concede al alma dones tan excelsos como las joyas que el novio solía regalar a su novia antes del matrimonio.

Toques divinos (tactus). Conocidos en la tradición mística como el contacto directo entre Dios y el alma.  Contacto de lo divino en la substancia del alma y el medio más íntimo entre el alma y Dios.  Nuestra Santa llama también a esta experiencia relámpago, rayo o cometa. Nos relata “a manera de una cometa que pasa presto o un relámpago y trueno, aunque no se ve luz ni se oye ruido … siente ser herida sabrosísimamente … y jamás querría ser sana de aquella herida … porque entiende que está (Cristo) presente”.  “Es una pena sabrosa y dulce”.

Transverberación.  Santa Teresa tuvo una experiencia espiritual llamada transverberación, que relata como sigue: “Veíale a un ángel en las manos un dardo de oro largo, y el fin del hierro me parecía tener un poco de fuego.  Éste me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas;  al sacarle me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios”

Arrobamientos o éxtasis.  Se produce una reducción de la circulación y la presión sanguínea a un mínimo. “Parece que su Majestad desde lo interior del alma hace crecer la centella que dijimos … que abrasada toda ella como un ave fénix, queda renovada y piadosamente se puede creer perdonadas sus culpas… y así limpia, la junta consigo, sin entender aún aquí nadie sino ellos dos, ni aún la misma alma entiende de manera que lo pueda decir después, aunque no está sin sentido interior;  que no es como a quien toma un desmayo o paroxismo, que ninguna cosa interior ni exterior entiende”.

Arrebatamiento o vuelo del espíritu.  “El hombre siente que le arrebatan su alma del cuerpo, lo que exige gran valentía porque al comienzo el ser no sabe quien le está quitando el alma.  Lo explica con los siguientes símiles: “con la presteza que sale una pelota de un arcabuz cuando le ponen fuego”;  “aquel pilar de agua que con tanta suavidad y mansedumbre se henchía, aquí desató este gran Dios los manantiales y con un ímpetu grande se levanta una ola tan poderosa que sube a lo alto esta navecita de nuestra alma”.

 El desposorio espiritual sucede en un estado de éxtasis porque un ser humano no podría soportar estar tan cerca de Dios en un estado habitual.  Durante el éxtasis Dios infunde al alma la contemplación de algunos de sus secretos por un vehículo inimaginable y desconocido.

Visión intelectual. Contemplación profunda que no es a través de los sentidos, ni de la fantasía, ni del intelecto.  Hace una comparación que es como entrar en el aposento de un rey y ver infinitas cosas pero luego no recordar. “Así es acá, estando el alma tan hecha una cosa con Dios, metida en este aposento del cielo empíreo… y así queda, después que torna a sí, con aquel representársele las grandezas que vio, mas no puede decir ninguna”.  Después de la visión intelectual transcurre un tiempo (hasta días) para volver al estado habitual, permaneciendo en ese tiempo en alabanzas de Dios. Queda la certeza de estar acompañada constantemente por Cristo o algún Santo, de un día a un año. Esto se percibe más allá del entendimiento y los sentidos.

Visiones imaginarias.  Se perciben con los ojos del alma. Son instantáneas, no tan puras. Se pueden confundir, producir desviaciones.

“Imaginemos que estamos ante un relicario de oro que contiene una piedra preciosa con   virtudes terapéuticas. No vemos la piedra, sabemos que está adentro porque nos sana las enfermedades.  Alguna vez, el dueño nos abre y cierra el relicario con la presteza de un relámpago y nos muestra la piedra, cuyo resplandor jamás olvidamos.”  La visión intelectual es la certeza de la presencia de Dios (la piedra);  la visión imaginaria es el haber visto el resplandor inolvidable de la piedra preciosa (Cristo).

Voces de origen divino.  No se perciben con los órganos auditivos, sino desde el centro del alma o desde zonas superiores.

Las mercedes que se regalan al alma en esta sexta morada, que equivalen a las joyas que regala el novio, tienen los siguientes efectos:  conocimiento de la grandeza de Dios, propio conocimiento, humildad, desprecio de todas las cosas del mundo, salvo aquéllas para servir a Dios.

Séptima Morada
Matrimonio Espiritual. En la séptima morada comprende el alma el misterio de la Santísima Trinidad.  Sin arrobamientos, sino en silencio profundo y con absoluta suavidad “(Dios) métela en su morada … porque así como la tiene en el cielo, debe tener en el alma una estancia adonde sólo su Majestad mora, y digamos, otro cielo”.  Dios le concede al alma la mayor de las mercedes “metida en aquella morada por visión intelectual, por cierta manera de representación de la verdad, se le muestra la Santísima Trinidad, todas Tres Personas, con una inflamación que viene primero a su espíritu a manera de una nube de grandísima claridad, y estas Personas Distintas, y por una noticia admirable que se da al alma, entiende con grandísima verdad ser todas Tres Personas, una substancia y un poder y un saber y un solo Dios.”

Todas sus visiones intelectuales e imaginarias se hacen más sutiles, aún más espirituales y de una calidad y cualidad diferente de las anteriores.
La indisolubilidad del matrimonio espiritual la compara Teresa con el agua del cielo y el agua del río, ya no se pueden separar. La paz que siente el alma durante el matrimonio espiritual la relata con pasajes bíblicos:

“da Dios … este ósculo que pedía la Esposa que yo entiendo aquí se le cumple esta petición.  Aquí se dan las aguas a esta cierva, que va herida, en abundancia;  aquí se  deleita en el tabernáculo de Dios;  aquí halla la paloma que envió Noé a ver si era acabada la tempestad, la oliva, por señal que ha hallado tierra firme dentro en las aguas y tempestades de este mundo”.

El apostolado es la misión principal de Santa Teresa de Jesús. La oración apostólica significa para ella orar por las almas que se han separado de Dios para que retornen a él, para que Dios las libre de la condenación eterna y les perdone sus pecados y orar para que Dios ilumine al mundo con su verdad y así se cumpla su voluntad sobre la tierra. Al estar permanentemente unida a Dios todo su hacer es oración.

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