Resignificación del trabajo

Por MBM Pcia. de Santa Fe(Revista Vuelos)

 

¿Se preguntó usted alguna vez qué sentido tiene el trabajo en su vida?. La pregunta parece tan obvia que casi no merece respuesta. Sin embargo, trataremos de profundizar su sentido, en el campo de un ser espiritual como es el ser humano. Comenzamos diciendo que cuando nos referimos a “trabajo” estamos hablando no solo de trabajo rentado, como es lo habitual, sino de todo esfuerzo del ser humano aplicado a un valor que puede ser físico, mental, científico, artístico o de cualquier índole. Digamos que el trabajo habitualmente hace decir que el lunes es el día más triste y el viernes es el más feliz de la semana… Pero esto no es extraño, ya que en un nuestro inconsciente colectivo deben haber quedado los rastros, tanto de la etimología del término, que alude a un instrumento de tortura aplicado a los esclavos (tripalium en latín) y, por si esto fuera poco, la maldición bíblica ante la desobediencia de Adán: “Ganarás el pan con el sudor de tu frente…”. Pero con el paso del tiempo y la organización social, el término se define como “el esfuerzo humano aplicado a la producción de riqueza”. En resumen, el trabajo ha llegado a nosotros con las connotaciones de sufrimiento, castigo y de retribución monetaria. Pero como acordamos profundizar el término, recurramos a los que dicen que el significado que podamos dar a una palabra deriva más de nuestra experiencia que del significante que puede tener en sí misma, y merece la pena no cerrar el significado de las cosas, pues siempre podemos resignificarlas.

La expansión de nuestra conciencia nos lleva entonces al sentido del trabajo en nuestra vida. El ser humano es un ser espiritual y su vida espiritual no es un campo que se desarrolla en un templo o simplemente como un refugio de consuelo, sino que se desarrolla en su existencia diaria y en todo lo que le es propio. Y este recorrido existencial me lleva a reconocer que el trabajo aparece como un integrante de mi razón de ser, porque como ser en el mundo, formando parte de un todo, siento que desde lo íntimo de mi ser surge la necesidad de hacer “algo”, algo que me permita expresarme, relacionarme, integrarme a lo semejante, aumentar mi autoestima, trascender, ayudar. Y aquí intento descubrir en lo que hago, en lo que pienso, en lo que digo, cómo me relaciona esto con el entorno. Porque lo que hago, lo que pienso y lo que digo desborda de mí afecta o enriquece a los demás. Hemos llegado a la relación del trabajo con la espiritualidad del hombre, y la vida espiritual exige una responsabilidad, no de “modelo”, sino de testimonio. En el campo de la responsabilidad que tengo como ser en el mundo, mi trabajo, haga lo que haga, implica RENUNCIA y PARTICIPACIÓN. Todo esto es una reflexión personal, pues trato de practicar en mi vida lo que anhelo para la humanidad. Y digo: “solo trato”.
Lo invito a reflexionar sobre el sentido de su trabajo.

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