Ejercicios de Detención: “Detener las excusas”

Capítulo II “Prácticas”  Libro: “Prácticas de Desenvolvimiento”, Edición 2019, Cafh

 

Es bueno tener presente la diferencia entre excusarnos, justificarnos y dar excusas.

 

Nos excusamos cuando reconocemos con humildad un error y pedimos disculpa en forma expresa. Nos conviene hacer de ese reconocimiento el punto final de una experiencia que nos dolió, para poder transformar nuestro error en un aprendizaje que nos ayuda a no repetirlo —y no mirar hacia atrás, para no cargarnos con culpas—.

 

Una justificación es aceptable cuando hay razones claras que la valide; además, en muchos casos tenemos la obligación de darla, como cuando hay que justificar una falta por enfermedad en el empleo. Damos excusas, en cambio, cuando queremos eludir una obligación o una censura merecida.

 

Es corriente que demos excusas tanto a otros como a nosotros mismos cuando sabemos bien que hemos faltado en algo; es una reacción espontánea, producto de nuestros mecanismos de defensa. Pero no nos ayuda para conocernos ni para reconocer las reacciones de disgusto y tensión que producimos en otros cuando nos justificamos con excusas inaceptables. Por ejemplo, no tiene sentido que demos excusas por situaciones que la mayoría de nosotros tiene que sufrir: tránsito pesado, cansancio, mucho trabajo, múltiples cosas que atender, no tener ganas de hacer algo que, de todas maneras, tendremos que hacer, como ocurre en la mayoría de nuestros trabajos. Y menos aún dar excusas por nuestros olvidos. Por supuesto, hay muchas más ocasiones en que solemos dar excusas; cada uno ha de reconocer las suyas.

 

Para mantenernos honestos, conviene que cuando tendamos a buscar excusas para sentirnos bien o para quedar bien, detengamos ese impulso y tomemos distancia para juzgarnos como lo harían otros —o como ya lo están haciendo—. Este ejercicio también puede sernos valioso para considerar hechos del pasado que nos han hecho sufrir y momentos en que hicimos sufrir a otros. Revisemos en qué medida asumimos responsabilidad por nuestra parte en esos hechos; aunque nos parezca que no tenemos ninguna, recordemos que en conflictos con otros cada uno tiene su parte de responsabilidad.

 

Por supuesto, puede ocurrir que suframos por situaciones que, como estaban fuera de nuestro control, justifican lo que sentimos por ellas o la manera en que vivimos por haberlas experimentado. Pero si, por razones que ya no existen, continuamos sufriendo por algo que ya pasó, conviene que comprendamos esas experiencias en su contexto y nos concentremos en vivir a nuevo cada instante, con la mente y el corazón limpios de resabios, rencores, excusas y justificaciones. Mantenernos atados a experiencias pasadas y vivir angustiados como si todavía las estuviéramos sufriendo, sería como escapar de la vida. La expresión “dar vuelta la página” es más fácil de aplicar cuando dejamos de lado excusas que pretenden justificar nuestras falencias de hoy y reconocemos que lo pasado ya pasó y no tiene por qué dictar nuestro presente.

Deja un comentario