Vida Interior – Segunda enseñanza del libro «El Buen Camino»

Para poder actualizar la condición de seres espirituales es indispensable que nos reconozcamos a nosotros mismos en forma íntima y profunda.


El germen de eternidad está en nosotros. Cuanto menos sobresalto, zozobra y desorganización haya en el ambiente en el que nos movemos, más se clarificarán os pensamientos y sentimientos que albergamos y más comprenderemos la inmensidad de nuestro destino.

 

Si nuestro objetivo es tener más y más, ¿qué felicidad esperamos encontrar cuando ya lo poseamos todo y no podamos abarcar más? ¿Es el camino hacia el materialismo lo que nos dará la libertad que anhelamos?

 

Los seres humanos de hoy contamos con un bajo nivel de libertad interior: estamos envueltos en objetivos que no siempre secundan el anhelo de liberación y determinados por estructuras mentales que alienan nuestra noción de ser. No estamos aún en condiciones de elegir nuestro destino con libertad y responsabilidad. Es indispensable que tomemos distancia del torbellino materialista y que sepamos armonizar la actividad exterior con el recogimiento necesario para desenvolver nuestra vida espiritual. Necesitamos emprender El Buen Camino del desenvolvimiento espiritual.

 

Si bien todos tenemos anhelos espirituales, no nos es fácil ser fieles a nuestra aspiración y actuar en consecuencia. Los discursos, las prácticas y los libros se vuelven vanos y cansadores si nosotros mismos no hacemos vida espiritual, recogiéndonos y experimentando las enseñanzas que recibimos.

 

Al recogernos interiormente nos encontramos a nosotros mismos; volvemos a pensar, a intuir, a amar y a buscar a Dios. Aún más, descubrimos que ese Dios, tan buscado y tan poco conocido, tan vivo y tan abstracto al mismo tiempo, está en nuestra alma. Allí encontramos el vínculo que nos comunica con lo divino.

 

A pesar de que estos conceptos son muy simples no siempre son fáciles de comprender, porque estamos educados para la acción exterior continua, para obtener resultados prácticos e inmediatos. Pero algunos logramos salir de esta corriente y descubrir el valor de detenernos para observar dentro de nosotros mismos, y allí buscar a Dios.

 

Descubrir la necesidad de conocernos a nosotros mismos es haber encontrado el Buen Camino de la vida espiritual, es haber descubierto el secreto de la paz y la felicidad.

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