El significado de la muerte desde una triple perspectiva: biológica, psicológica y mística.

Por Roberto Escudero, Carlos Morán, Raúl Suárez* Pcia. de Mendoza

La muerte es -paradójicamente- el misterio desconocido de cuya inexorabilidad estamos más seguros. Podemos discurrir en explicaciones científicas, filosóficas, religiosas o personales, sin que por ello la muerte nos parezca más asible: se derrama por nuestras manos con la fragilidad de un misterio.

LAS PALABRAS QUE SIGUEN son rodeos vivenciales, especulaciones, recreación de teorías con las que intentaremos ver a la muerte desde lo fenomenológico, lo biológico, lo psicológico y lo espiritual. Es aquí donde esbozaremos que la muerte es una ley universal, que toca al universo mismo: recordemos las cosmogonías hindúes, que llamaban a la destrucción del Cosmos “la noche de Bramha”, o para la física actual “la Gran Implosión”.

Desde el desenvolvimiento espiritual podemos advertir en el devenir del ser humano algunas muertes, que comprendemos desde una visión más holística, pero que a los fines didácticos separamos en: biológica, psicológica y mística.

 

… y las muertes

De las múltiples formas de interpretar la muerte, elegimos el acercamiento que plantea la fenomenología. Ya Heidegger decía que ser humano es un ser-para-la-muerte, entendiendo, con los existencialistas, esa permanente tensión entre Ser y No Ser.

Desde una descripción fenomenológica, nos preguntaríamos cómo se nos presenta la muerte concretamente, qué nos dice, qué significa para nosotros. así tendríamos tantas respuestas vivenciales como actos de preguntarse individuales. Esta descripción vivencial cambia con los años: un adolescente podría actuar con arrojo temerario porque siente que la muerte concretamente es algo distante y desde su pensamiento mágico podría creer que a él no le va a pasar nunca; el anciano ya la siente cercana y puede verla como a una compañera que viene a cerrar un ciclo natural.

Séneca, en un texto sobre la senectud, da una imagen de un barco que nos trae a una orilla y que en algún momento nos llevará, y alude a la actitud estoica de quedarse cerca de la orilla para saber de nuestra condición de mortales.

Otro ejemplo de cómo cambia el sentido que le damos a la muerte lo brinda Ernesto Sábato en su libro “Resistencia” donde dice: “antes, la muerte era la demostración de la crueldad de la existencia. El hecho que empequeñecía y hasta ridiculizaba mis prometeicas luchas cotidianas. Lo atroz. Solía decir que a la muerte me llevarían con el auxilio de la fuerza pública. Así expresaba mi decisión de luchar hasta el final, de no entregarme jamás. Pero ahora que la muerte está vecina, su cercanía me ha irradiado una comprensión que nunca tuve; en este atardecer de verano, la historia de lo vivido está delante de mí, como si yaciera en mis manos, y hay horas en que los tiempos que creí malgastados tienen más luz que otros, que pensé sublimes…”.

 

¿Hay una muerte biológica?

La ciencia de la vida ha avanzado mucho en los últimos años en el conocimiento y en la prolongación de esta. Hemos comprendido los procesos programados de muerte celular, la incidencia del estilo de vida en la expectativa de vida, las enfermedades y sus posibles curas. Desde formas alternativas de medicina se promueve la relación significativa entre los aspectos orgánicos y los psíquicos, que han generado teorías como la del doctor Deepak Chopra sobre la “Curación Cuántica”, o el resurgimiento de las medicinas orientales y holísticas.

La implicación para el desenvolvimiento es la de hacernos responsables del cuidado de la integridad psiquis-soma, alma-cuerpo, en su dialéctica permanente: cuidar los pensamientos y sentimientos que impactan en el cuerpo; y cuidar el cuerpo en donde nos estamos desenvolviendo. Esto lleva a otros procesos de aceptación de las enfermedades y del declinar de la vida y de las funciones vitales.

Por otro lado, hay que estar atento a la puesta en valor del cuerpo joven que ha cristalizado la postmodernidad, para saber que quedarse en este estado de conciencia acarrea sufrimiento porque intenta negar la condición de ser mortales y fija la identificación del ser en la imagen corporal sobrevaluada y en sus necesidades de comodidad y búsqueda del placer excesivos.

 

¿Hay una muerte psicológica?

Desde la consolidación de los estudios psicológicos, se le da un lugar a la muerte: como pulsión de muerte desde el psicoanálisis, como la amenaza del no ser desde lo existencial, como pauta evolutiva de los sistemas desde la teoría sistémico-comunicacional. Desde el desenvolvimiento, uno podría ver a la muerte psicológica como una de las primeras etapas de la renunciación: tomar consciencia de las identificaciones culturales, sociales y familiares con las que cada uno ha conformado la personalidad corriente. Saber que es aquí donde aparece la vivencia del sufrimiento.

Las identificaciones construyen vínculos posesivos con las cosas y los seres, y crean la ilusión de poner la propia noción de ser en ellos y en su permanencia. Cuando vienen los cambios propios del vivir con sus procesos que reclaman desapego, los seres vivenciamos grandes montos de angustia porque vivimos en ese estado de consciencia propuesto por la personalidad corriente. Por eso hablamos de muerte psicológica, como la posibilidad de comprender y trascender el universo de identificaciones culturales para poder penetrar en espacios inexplorados de nosotros mismos.

 

¿Hay muerte mística?

Las escrituras bíblicas dicen que no se le puede ver el rostro a Dios y seguir viviendo. Krishnamurti le respondió a una persona: “Intente vivir sin esfuerzo en la muerte de un silencio sin futuro”. Es el misterio del holocausto interior.

 

Conclusiones

La muerte es definitiva. Es un momento de síntesis donde cada hilo aparentemente huérfano de toda lógica y destino nos deja ver su textura de tapiz terminado. Nos enfrentamos con el momento último con la misma mezquindad que vivimos, entonces la vemos como la cesación del movimiento que llamamos vida. Lo único inexorable y cierto es que la tierra reclamará antes o después la vestidura física que en algún momento ofreció para la epifanía de una forma de vida.

Para algunas cosmovisiones chamánicas la vida es una, en la que hay vida que respira y vida que no respira. este aprendizaje surge de su cercanía amorosa con la naturaleza, donde hay un mismo movimiento cíclico de día y noche, solsticio y equinoccio, nacer y morir, ser piedra sin respiración y ser reino respirante. Desde otra cultura, el poeta R. Tagore nos dice: “las estaciones vienen y van, y en su sucesión no cesan verdaderamente”.

Uno de los pilares de la conocida obra de H. P. Blavatsky fue hacer una cosmogénesis que regula la Vida Una. Jiddu Krishnamurti habló de una totalidad que estaba más allá de las ideas comunes de vida y muerte. Para el budismo septentrional el Ku es una energía que está más allá del ser y del no ser.

Qué sería la muerte si la pensáramos cada noche, muriendo al pasado a cada instante. Qué sería la vida si la pensáramos cada mañana, naciendo por primera vez a un mundo recién creado. Qué sería si muriéramos con cada ser que muere y naciéramos con cada ser que nace.

Heidegger describe ontológicamente al hombre como un ser-para-la-muerte. Este grado de aguda conciencia de la propia finitud ha llevado al hombre a abordar la muerte como un hecho común a todos, pero al mismo tiempo extrañamente desconocido. Así se la ha interpretado desde las religiones, las filosofías, las construcciones culturales y la tradición. En estas explicaciones e imaginerías consoladoras, hemos inventado vanas seguridades y nos hemos perdido el hecho. Existe la muerte material, si es que desde la física existe tal cosa. Hay una energía que insufla un cuerpo con su aliento vital y en algún momento lo abandona. Lo que estaba allí ya no está, o al menos así llega a nuestra percepción.

Debemos hacernos responsables de nuestra vida y de nuestra muerte. Saber que quizás la muerte física ponga un punto y aparte es la experiencia que estamos desenvolviendo bajo esta forma; saber que la muerte psicológica debe ser un camino de expansión del estado de conciencia, para que mueran las identificaciones ilusorias de la personalidad corriente y podamos caminar abiertamente al conocimiento de nosotros mismos; saber que no sabemos, y ofrendarnos al universo, en el misterio de la Muerte Mística.

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