Las formas de meditar en la vida

El presente fragmento sobre las formas de la meditación, representa una síntesis de la charla brindada por María Catalina Olguín en el Espacio “Encuentros” que se brinda cada viernes en la Sede de Cafh Rosario, Argentina. 

Atención plena y presente continuo. 

Es frecuente que ante algunas situaciones en las que la vida nos conmueve particularmente -como pueden ser la muerte inesperada de un ser querido, una enfermedad, una catástrofe natural– nos formulemos algunas preguntas tales como:

  • ¿Cuál es el sentido de la vida?
  • ¿Cómo es el mundo?
  • ¿Cómo puede ser que haya tanta injusticia?
  • ¿Por qué sufrimos?
  • ¿Busco el placer y me encuentro con el dolor…?  

Estas expresiones que manifiestan una insatisfacción y un anhelo de saber nos llevan a reflexionar. Cuánto más intensas sean y cuánto más frecuentemente nos acompañen las preguntas nos van llevando a comprometernos y a formularnos cuestionamientos de carácter más personal e íntimo. Las preguntas se van transformando y adquieren un carácter más individual y de mayor responsabilidad. ¿Qué hago yo, desde mi lugar, para aliviar la injusticia en el mundo?, ¿soy todo lo justa que declamo ser?, ¿cómo me relaciono con las personas?, ¿cuál es mi relación con el sufrimiento? 

La búsqueda de respuestas puede cambiar el significado de nuestra vida e ir dando lugar a una toma de conciencia –darnos cuenta– de que podemos, si lo queremos honesta y profundamente, cambiar nuestra relación con la existencia. Al profundizar con honestidad descubro que una sucesión de elecciones instantáneas (conscientes o inconscientes) es la que va dando forma, sentido y dirección a nuestras vidas. 

La meditación puede ser el terreno en el cual estas semillas de reflexión se transformen en una conducta concreta que exprese nuestro amor y preocupación por el mundo y por el papel que desempeñamos en la vida. Podemos transformar la vida cotidiana, la de cada uno de nosotros, con sus obligaciones, sus espacios de esparcimiento, sus contrariedades en un medio de autoconocimiento, de expresión de nuestros anhelos y en una posibilidad de aprendizaje transformante. 

 

Meditar es 

  • Reflexionar sobre lo vivido para aprender.
  • Vivir el presente en forma consciente.
  • Proyectar el futuro anhelado.
  • Resignificar lo cotidiano.

Una forma práctica de resignificar la vida puede ser considerar cada día como una vida. Desde esta mirada, despertar equivaldría a NACER a las nuevas posibilidades de este día, que se nos ofrece como único, irrepetible. 

Agradecemos las oportunidades que tenemos a nuestra disposición para manifestarnos. El interactuar diario con todo lo que es nuestra realidad nos permite VIVIR en forma responsable, siendo todo lo que podemos ser y hacer plenamente. Cada momento es una oportunidad para ofrecernos comprometidamente; estando aquí y ahora. Nuestras tareas devienen una meditación activa cuando estamos con la atención totalmente puesta en lo que hacemos y en cómo lo hacemos. 

VIVIMOS en el presente, en Presencia. Cuando nos relacionamos con otras personas nos ubicamos como parte de la humanidad. En esta PARTICIPACIÓN procuramos hacer silencio mental para escuchar sus palabras, su sentir, sus anhelos. Esa atención completa al “otro” es el germen de la empatía, que progresivamente se convierte en comprensión e inclusión. 

Cuando nos disponemos a descansar repasamos lo que hicimos, nos vemos en el transcurrir de nuestro día, sin juzgarnos, como simples espectadores y borramos lo que ya es PASADO. Esta forma de meditar nos permite introducimos en el sueño sin cargas, sumergirnos con libertad en un espacio y un tiempo por ahora desconocidos. Sería como MORIR… sin cargas, sin lastres.  

La meditación nos posibilita darnos cuenta de que participamos de una realidad mucho mayor que la que nuestros sentidos perciben, que nuestra manifestación va teniendo sentido y presencia en la dimensión que nuestra conciencia pueda progresivamente ir abarcando. Para darle una expresión a la REVERSIBILIDAD pueden ayudarnos las palabras del poeta:
“Ver un mundo en un grano de arena
Y un cielo en una flor silvestre
Contener la infinitud en la palma de la mano
Y la eternidad en una hora…”
William Blake (1757-1827)

Fuente: Revista Vuelos 

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