Las estrellas celestes

Por Jaime Toro

Estaba Alma en contemplación en su séptimo cielo cuando se aproximó el Maestro.
– Hola Alma, ¿cómo estás?
– Muy bien Maestro, disfrutando de este Rayo de Amor de la Divina Madre.
– ¡Ah, qué bueno! Se está bien aquí, ¡qué dicha!
¿Cómo va ese proceso de orden y asimilación de tu viaje por la diversidad?
– Está ya concluido Maestro, cada cosa, cada acontecimiento está en su lugar, guardado en el átomo del corazón.
– ¡Qué bien! ¿Cuál crees que es ahora tu destino? No te puedes quedar aquí para siempre.
– No lo sé. Hasta ahora mi gozo está en vibrar en esta red de amor.
– ¿No has pensado en volver a experimentar la diversidad?
– Por supuesto que no, ¿para qué?
– Al igual que los seres, el Universo evoluciona en medio de los cambios. Es este un universo ordenado en sus leyes y por lo mismo implacable, arrastra a los que no quieren y retiene a los que quieren mucho.
– ¿Pero Maestro, no existe la paz definitiva? ¿Puede haber paz en medio de los cambios?
– La verdadera paz es la paz del corazón, aquí o en la diversidad. La experiencia en la diversidad solo tiene sentido en la comprensión. Mayor comprensión, mayor amor, mayor plenitud.
– Maestro, amor y comprensión parecen la misma cosa.
– Bueno, aquí el tema se llama dimensión. La diversidad nos da la posibilidad de experimentar otras dimensiones del ser. Cuando el ser integra dos o más de estas dimensiones se produce el fenómeno de la comprensión. Pensemos en una carpa de camping, por un lado están los tubos de aluminio y por otro la tela. Cada uno por su lado tiene su utilidad, pero juntos crean una nueva dimensión, un nuevo espacio para estar y experimentar. Generalmente se asocia el amor con un sentir, pero si además agregas el contexto se produce la comprensión.

– Pero yo estoy tan bien aquí Maestro ¿Y si me quiero quedar para siempre?
– Bueno, el piso se comenzará a inclinar hasta que finalmente las uñas no te servirán…
– ¡Hum! ¡Bonito! ¿Qué hay que hacer entonces?
– Caminar, trotar, descansar. Todo esto requiere fortaleza, equilibrio, ritmo y medida. Si no somos proactivos el universo nos hace rodar.
– Pero, no me gusta viajar a la diversidad, mucho trabajo por tan poco…
– Cada viaje es diferente, Alma. Se comienza cada vez en un punto más elevado en el espiral del ser.
– Pero Maestro, ¿por qué embarrarnos para luego tratar de limpiarnos con un cotonito?
– Es inevitable, no se puede dejar de participar con el todo, nuestro contexto es la humanidad. Las cosas pueden cambiar en adelante, pero hay lo que hay.
– Pero eso de llegar y largarse no me hace ninguna gracia.
– Quizás no recuerdes, pero cada viaje tiene un plan de ruta. Señales que se van despertando en el corazón.
– Maestro, ya me metió el bichito, ¿cuál sería ese plan de ruta?
– El plan se llama «Las siete estrellas celestes».
– Algo me suena, ¡qué bueno!
– La primera estrella se llama Hes: Idea Madre. Esta estrella tiene que ver con nuestro propósito fundamental sobre la tierra, es algo que atañe a toda la raza humana en este preciso instante.
– ¿Es algo como lo que se llama la misión que cada uno tiene?
– Así es, cada uno dentro de sus posibilidades tiene que alinearse con esta idea. Hoy, después de un largo recorrido por la materialidad, el hombre tiene que reencontrarse con los valores divinos latentes en él. Para ello necesita de su esfuerzo, su discernimiento y la ayuda divina.
– Pero si hay gente que piensa que no hay Dios ni nada en que creer. O dicen que creen, pero actúan de cualquier forma, ¿dónde quedan esas personas? Porque de acuerdo a lo que usted dice, nadie queda afuera.
– Así es, es cuestión de tiempo, finalmente todo el mundo se incorporará. Mientras tanto el carro lo tiran los que son conscientes. Esto, más que una carga es un privilegio.
– No entiendo bien eso.
– Colaborar con la plasmación de la Idea Madre es un verdadero privilegio divino. La Idea Madre no es una invención, simplemente llegó desde lo alto hasta el Iniciado capaz de recibirla.
– Entonces de esta estrella participamos todos, de la A a la Z.
– Así es, la humanidad es nuestra tribu, tenemos que contribuir a su perfección, a construir el cielo futuro para todos.
– ¿Y con este solo paso no sería suficiente? ¿Para qué seis estrellas más?
– No es suficiente, los seres humanos, permanentemente sumidos en los embates de nuestra mente, no tendríamos la oportunidad sin una intervención externa.
Por eso la segunda estrella se llama IRED: Voz Divina. En nuestro proceso de adaptación a la diversidad vivimos externamente. La Voz Divina es la que viene a alterar el mundo de nuestra percepción, porque esa voz se manifiesta desde otra dimensión, la dimensión interior. Es como si en un momento dado estás escuchando con el codo.
– ¿Y esto le ocurre a todas las personas?
– En cierto sentido sí. Cada persona tiene en los comienzos de su vida adulta vislumbres de los mundos superiores, pero para la mayoría estos momentos se van sumergiendo en el olvido debido a las contingencias de la vida.
– Y el Ired Maestro, ¿qué hace acá?
– El Ired es el movimiento universal. Ha estado desde el principio y estará hasta el final. Es la Ley Única que impulsa y modela el universo. Cuando se concentra provoca el maravilloso efecto de la bendición y el despertar espiritual.
– ¿La bendición puede alcanzarnos a todos?
– Así es, los Maestros la imparten diariamente a los hombres y mujeres, lo que se requiere para recibirla es concentración en los propósitos espirituales, alinearse con ella.

Después de un tiempo en que ambos permanecieron en silencio, continuó el Maestro:
– La tercera estrella se llama Foa: Potencia de Amor. Así como la humanidad es nuestro contexto y fuera de él no somos nada, de esta manera sin la fuerza de Foa, Potencia de Amor de la Divina Madre, deambularíamos en nuestras disquisiciones y contradicciones. Foa es la fuerza de plasmación, permite que los sueños se hagan realidad.
– Pero eso de los sueños es lo que más se ve en la diversidad.
– Claro, pero aquí estamos hablando de sueños espirituales, aquellos que hemos percibido en momentos de inspiración. En general se asocia sueño con regalo. Aquí estamos hablando de la plasmación de nuestros grandes ideales con el apoyo de Foa, la fuerza de la Divina Madre.

Después de un largo rato intervino Alma.
– Maestro, parece que no quiere seguir.
– Bueno, lo que pasa es que la cosa se va poniendo más complicada y no son muchos los que llegan a las estrellas siguientes.
– Sigamos nomás Maestro, está interesante esto.
– La cuarta estrella, continuó el Maestro, es Ihes: Redención Hipostática. Así como los grandes Iniciados han hecho grandes sacrificios por el adelanto de la humanidad, también cada ser humano tiene la misión de ser corredentor. La carga de la humanidad es parte de todos; se hace más pesada porque algunos todavía no están interesados en el tema.
El egoísmo y la voluntad de ser son tan fuertes en el ser humano, que permanentemente se están disfrazando para persistir. Aquí despejar la verdad cuesta sangre, la gota de sangre redentora que cada uno tiene que aportar.
– Esto parece como muy cristiano Maestro.
– Es así, el Cristo llevó al extremo su sacrificio. Por ese tiempo él era de los únicos que tiraban el carro; pero hoy hay muchas más personas conscientes que quieren aportar atreviéndose a vivir sin egoísmo.
– Vivir sin egoísmo, Maestro, ¿es como vivir en la renuncia?
– Yo diría que sí, vivir sin egoísmo en conexión con la Idea Madre es como vivir en la renuncia.
– ¡Es un bonito panorama Maestro!
– ¡Así es! La quinta estrella es Cafh: Cuerpo Místico. Es el encuentro con los semejantes, con los que se esfuerzan en el mismo propósito. Es el Templo soñado de las almas que buscan la presencia de la Divina Madre. Se vive en él, se respira en él, se realiza en él. Pero como todo esto ocurre en la diversidad, el Cuerpo Místico también está sujeto a modificaciones.
– Maestro, ¿tiene algo que ver esto con religiones o grupos espirituales?
-Bueno, sí. Desde que dos personas se juntan para tratar cosas del espíritu surge un vínculo. Mientras más pura la idea, más brilla ese vínculo. Si son más personas, esto se va acrecentando. Si además se unen los Maestros, se conforma un Cuerpo Místico con mucha fuerza de realización.
– Cuando se habla de Maestros, ¿se refiere también a seres en otros niveles de evolución?
– Claro Alma, a todos los seres que colaboran en el adelanto del género humano.
– La sexta estrella es Ahehia: Iluminación Espiritual.
Cuando se acaban las ilusiones se queda finalmente el ser ante la Eternidad. La Eternidad siempre estuvo allí, pero no se la veía, los velos de la diversidad se interponían con su atractivo, pero era una cuestión de enfoque.
– Pero Maestro, para la mayoría la diversidad es la vida, el sentido de todo.
– Así es, pero el sentido de todo es lo que permanece más allá de los cambios.
La séptima estrella es el Alma con su nombre propio: Unión Deificante.
La mente moldea y deja de moldear, la verdad está y no molesta. El teorema divino Tú y Ella; Ella y Tú ya está resuelto.
– Maestro, esto se ve interesante, ¿pero está al alcance nuestro?
– Tuyo sí, porque lo has experimentado aquí. Más en la diversidad es todo un desafío. Pero ese es nuestro destino y hacia allá vamos.
– Maestro todo esto parece muy bonito de seguir, pero muy difícil de realizar, en la diversidad parece que uno volviera atrás.
– Es parte del orden universal que esto tenga que hacerse por etapas. Los Grandes Iniciados pueden hacerlo de una vez. Pero a nosotros la persistencia nos lleva a dar un paso en pos de otro. Nada se pierde en este viaje, se retoma desde un punto más favorable hasta que se alcanza el objetivo.
– Pero Maestro parece que esto fuera un ir y volver interminable.
– Desde la perspectiva de la mente diversa esto parece así, pero imagina que vas en una nave, allí todas las mañanas después de dormir vas al gimnasio a dar trabajo a tu cuerpo. Sin darte cuenta, después de varias veces tu cuerpo va cambiando, es capaz de nuevas habilidades, etc. Y tú sigues el viaje sin pensar que estás repitiendo experiencias inútilmente.
Aun así Alma, si estamos prendidos de la idea, completamos el ciclo aquí, como lo habrás experimentado. Las estrellas celestes lucen en nuestro corazón y pueden encenderse por la gracia de la Divina Madre.
– ¡Qué lindo, se me volvió a encender la chispa!
Maestro, como despedida, porque ya veo que se me va volando, me podría cantar ese Salmo que une todas las redes benéficas del Universo?
– Cómo no Alma y efectivamente será también nuestra despedida.

El Maestro comenzó a cantar con voz entonada y pausada en nota FA.

Cuán bueno y alegre es,
vivir los hermanos en unión.
Es como el ungüento que derramado en la cabeza,
destila sobre la barba, la barba de Aarón,
y desciende hasta la orla de su vestidura
como el rocío del monte Hermón,
que desciende sobre el Monte Sión.
Así derrama el Señor sus bendiciones
y la vida por todos los siglos.

Cuando el Maestro terminó de cantar ya las dos imágenes se estaban disolviendo en el éter divino, por un largo tiempo no se volverían a encontrar.

Comparta este contenido:
Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en linkedin
Compartir en telegram
Compartir en whatsapp
Compartir en email

2 comentarios en «Las estrellas celestes»

  1. Querido Jaime: Lo disfruté muchísimo, por la profundidad de relato y por la excelente calidad literaria. En forma simple y amena has entregado valiosas enseñanzas espirituales de gran nivel. Un abrazo.

    Responder

Deja un comentario