Desenvolvimiento

Autoras: Gioconda Moreno y Lila Trujillo

Desde el principio de los tiempos caen las semillas en el mundo. Alguna germinó en mi alma. Asomaron los primeros brotes de conciencia que me lanzaron más allá de mí mismo, a percibir otras realidades más hermosas y también más tristes.

Me nacieron las hojas que tomaron la luz del sol, ese astro lejano que junto al alimento de la tierra me nutrieron de anhelos por conocer, aprender, amar. Mis ramas se extendieron hacia arriba buscando la luz, otras bajaron y quedaron en la sombra. Me nacieron flores, me puse hermoso, cobijé con mi sombra a seres cansados, a niños alegres en sus juegos, a más de un peregrino levantando una oración al cielo, a un artista pintando el espíritu escondido de la manifestación.

Arrobado ante la dulzura inimaginada de mis frutos, los quise compartir y fueron cayendo, alimentando y dando alegría a quienes pasaban junto a mí. Agradecí nuevamente a la tierra y al sol. Sentí admiración por el trabajo invisible de mis raíces que me sostienen y llevan la esencia de la vida.

Mi conciencia despertaba y se expandía más y más.  Empezaron a caer mis hojas, me vi desolado, sin flores ni frutos, pensé en cuántos pasan por esta vida sin florecer. Me retiré a meditar, a participar en su desolación, extendiendo hacia ellos raíces y ramas, olvidando mi propio dolor. 

Pasé el hielo, las tormentas y después del frío invierno, tímidamente tiernos brotes asomaron.

Di frutos, viví largos años, alimenté a tantos seres y di numerosos hijos. Doy ahora la bienvenida a esta nueva etapa de silencio y madurez. Me visto de gala para convertirme en leña y así encender el fuego de una llama transformadora entregando mi experiencia eterna a los nuevos tiempos, a una tierra fértil, receptiva, donde surja una conciencia cósmica de unidad.

Las semillas caerán y seguirán germinando por la eternidad.

Misterio

Las almas germinan de un mismo misterio y silencio, 
tocadas por la magia de la vida,
asistidas por el proveedor celestial.

Los seres compartimos las riquezas de la tierra,
el abrigo del sol,
la luz de la luna,
el torrente de las aguas
las ráfagas y caricias del viento,
la protección de los planetas.

De pequeños recibimos la gracia divina
que nos hace intuir nuestro destino.
Llenan nuestro corazón de amor angelicales sones,
develando sutilmente místicos dones.

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