Crecimiento y desenvolvimiento

Autor: Jorge Ellicker

El árbol que hoy vemos con tronco robusto, ramas que se diversifican apuntando hacia lo alto, persiguiendo incansablemente la luz, amansando al viento y sobreviviendo al paso de las estaciones, a las lluvias y sequías, ese árbol, inicialmente, pasó de semilla a débil varita, a veces apoyada en un tutor y desde allí, desde su adolescencia a su arrogante y joven adultez. Con sabia paciencia se alimentó del tiempo, siempre creciendo, viviendo el presente y creando futuro, también soportado por sus sólidas raíces, raíces que en un pasado fueron también su presente.

Aparecieron las flores y llegaron los frutos, escondidos tras las protectoras hojas y al madurar se mostraron como preciados tesoros. Algunos frutos alimentaron ávidos apetitos, otros quedaron guardando la valiosa semilla, esperanza de continuidad de vida.

Raíces, tronco, ramas, flores, hojas y por fin los frutos, frutos que se desprenden de su origen sin dolor, dádiva final en este ciclo de vida que renueva su existencia año tras año. Renuncia maestra de desenvolvimiento.

Crecimiento y desenvolvimiento en un solo acto puro de amor, que se evidencia en la esencia original de especie inserta en el amplio espectro de la diversidad de la creación.

Árbol que en su amplitud, sin proponérselo, ofrece a su ambiente sombra, refugio, aire renovado, frutos anhelados y solaz a quienes lo aprecian en su paisaje admirable.

Junto a él otros árboles, diferentes, de otros tamaños formas y colores, también lo acompañan. Cada uno buscando, a partir de sus semillas, cumplir su destino perfeccionado en un ciclo sin fin de morir y nacer, entregar lo mejor de sí mismos, consecuencia y fruto de su creciente desenvolvimiento.

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